Puedo... simplemente escribir, lanzar palabras a un documento en blanco y rezar porque se manejen ellas solas, La paz en tu mundo se mide cerrando los ojos y esperando a que estén quietos. Los míos vibran involuntaria e incontroladamente. Como los ojos azabache que sin saber y sobre todo sin querer exprimen el alma de los desalmados occidentales desde fotos anónimas de campos de concentración, allá por el malogrado Este. Una coordenada geográfica maldita que, sin embargo, tiene encadenado mi corazón (un organo agriado y escuálido otrora magnánime y expansionista, como todos los imperios que han caido). Lo tiene atado por las cadenas de la memoria de tiempos felices, de bocas besadas y bocas por besar.
Katie Melua nació en Georgia. Su familia vive en Georgia. Rusia bombardea Georgia. Israel Gaza, Estados Unidos Irak. Benditas sean las canciones que barren las pisadas manchadas de sangre sobre la palabra libertad.
Ucrania especula con hiportermias rumanas. África nos calza, Asia sufre nuestra arrogancia. Australia calla y otorga. Carga con la culpa de ascendecia pueril y criminal. Como si existiera familia alguna en todo el mundo que no descienda de una violación.
En el campo local se juega un partido de injusticias, de luchas innecesarias. En donde cada puesto de poder es ocupado por un traje y una corbata que visten a monas que cuanto menos aparentan saber mentir bien. Un partido en el que el balón lo maneja un corrupto y tiene desmarcados a los peores pobladores de la tierra. Allá va el mentecato hijo de, sólo por la banda derecha. Y en el centro, libre de marca, Fulana, la ex de Tremendín (piloto, torero o hijo de folclórica). Por la izquierda va Gustavo Adolfo Aguilar Gutiérrez marcado por un condón roto esperándole en su cajón, por su jefe incompetente, por su cliente disgustado, por su carrera inútil y dándole codazos a expensas del linier la hipoteca del piso que acaba de comprar.
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